¿ Protegemos demasiado a nuestros Hijos ?


¿Qué les parece? ¿fueron cuestionados alguna vez por lo mismo?

Resulta que la mayoría de nosotros, somos algo diferentes de lo que se suele considerar “la norma” y a menudo cuando tomamos una actitud distinta de la que impera, se nos acusa de sobreprotección. He reflexionado ante algunas de estas acusaciones ya que a menudo no somos capaces de darnos cuenta de nuestros defectos y/o errores, pero he llegado a la conclusión (nunca definitiva), de que los límites de la buena protección de los hijos son bastante ambiguos y lo que verdaderamente enmascara la gente que nos acusa de esto, es su desagrado porque no nos atengamos a la actitud mayoritaria. Así, el Sistema nos presiona cotidianamente muy de cerca a través de toda esta buena gente bienintencionada (?). Lo que me sorprende es que pese a esto, se siga creyendo tan firmemente en la enorme pluralidad ideológica. A mi modo de ver hay una clara ideología que penaliza o excluye a otras. Es similar a los acentos al hablar: uno detecta los de otros lugares pero nunca el propio.

Ya en la primera infancia de nuestros hijos hemos sido varias veces reprendidos por otros adultos, porque les dejábamos encaramarse a lugarse altos sin estarles sujetando (o simplemente prohibiéndoselo), por ejemplo en parques con columpios. A nosotros sin embargo nos sorprende enormemente esa costumbre de no dejar a los pequeños hacer casi nada, siempre acosándoles en los zonas de juego; y si se caen, en lugar de comprenderles, pegarles algún azote mientros se les regaña. ¿Cómo pese a las amenazas de que se iban a romper la cabeza, vertidas en sus oídos por más de uno, han carecido los tres de grandes caídas y accidentes, y ni siquiera han sufrido pequeñas caídas? Los tres han resultado muy ágiles: para nosotros esto se ha debido a que han podido desarrollar sus límites y capacidades, experimentar con sus cuerpos desde su propia percepción, no porque alguien les diga lo que van a conseguir hacer o no. Sin embargo para una de nuestras vecinas esa ausencia de sustos, heridas y suturas sólo se debe a la suerte y a su ángel de la guarda. ¿Quién tendrá razón…?

Por este tipo de cosas y porque hemos tratado de tenerles en cuenta y complacerles cuando se decidía qué hacer, algunos también nos achacan ser demasiado condescendientes o consentidores. En general, cuando los hijos son pequeños y sus deseos chocan con los de sus padres/madres y éstos son los que deciden. Por eso, los nuestros resultan consentidos. Luego, cuando los hijos crecen un poco y ya no necesitan que sus padres/madres estén constantemente con ellos, el conflicto se suele solucionar haciendo vidas separadas: los adultos hacen sus cosas, y los hijos se quedan con barra libre de televisión, o vídeos, o consola, ordenador, etc. O con algo más de suerte, en la calle a su aire, con amigos.

Claro, como nosotros solemos hacer mucha vida en común (padres/hijos), no les dejamos libremente ante ninguna pantalla (televisión, cine, ordenador…), y ni siquiera les permitimos ver cualquier película con amigos, hay quien piensa que les sobreprotegemos, que no les dejamos ver cómo es el mundo. Pues no: no pensamos que eso que se ve a través de las pantallas sea el mundo, ni que lo que se cuenta en las aulas sea el mundo, ni que se capte por esos canales. Más bien esos canales son lo que algunos han llamado “medios de formación de masas” y mal que nos pese, en su momento les llegará también a nuestros hijos; no van a librarse de ellos porque, de verdad, no les tenemos en una burbuja pese a lo que digan. Pero sí trataremos de protegerles, en la medida que podamos, de la idea de que “eso” es el mundo y no hay más, robándoles el ánimo para buscar nuevos caminos. Preferimos que descubran cómo es a que se les diga cómo es de antemano, con todos los prejuicios que conlleva el “saber”. Y pensamos que la infancia hay que protegerla, no solo de los abusos laborales, sexuales, etc., como si sólo fuera asunto de los países llamados tercermundistas, sino de todo el daño que inflige nuestra sociedad del primer mundo a los niños: por un lado tratándoles como a incapaces sin voz ni voto, por otro explotados como futuros productores adiestrados a obedecer y por último como a verdaderos consumidores. (Parece que el “Mundo Feliz” de Aldous Huxley no anda muy lejos).

Además pensamos que la infancia hay que protegerla porque en ese momento su energía está enfocada primordialmente a su desarrollo, no a defenderse de los impactos psico-emocionales de una sociedad enferma, a la que podrán hacer frente de mejor manera si consiguen fortalecerse a todos los niveles. Cuando a veces me critican porque les parece que no enseñar tempranamente a los chavales el lado oscuro de “la vida” es inútil porque – como yo misma decía antes – van a acceder a él de todas maneras, suelo contestar que no por vivir en una sociedad que fuma, bebe alcohol o consume otro tipo de drogas vamos a intoxicar ya a nuestros pequeños. La salud emocional debería ocupar nuestra atención por lo menos tanto como la salud física. Si desde pequeños nos acostumbramos a ver asesinatos en T.V., fotos morbosas en prensa, etc., etc., nuestra sensibilidad va a ir haciendo callo, nos acostumbraremos a ese tipo de cosas para sobrevivir psíquicamente, hasta que no seamos capaces de reaccionar ante ello.

Es curioso que en general los niños de ahora vean tanta violencia en películas, teleseries, noticias de T.V., periódicos y juegos de ordenador o en competiciones de deportes y concursos, o morbo de programas y revistas del corazón… y sin embargo se les suela apartar de los entierros, atención a enfermos o de los partos de sus propias madres por considerarlas experiencias no aptas para niños.

También observo que el tema de la sexualidad en general no se habla ni se trata de frente pero sí hay bastante despreocupación por las imágenes o decires sobre el asunto (conversaciones, chistes machistas, etc.) que les puedan llegar, ya que cualquier “censura” se relaciona con el franquismo, lo carca, y en cambio el libre acceso se considera liberal y progresista. A mí me entristece pensar que no puedan descubrir por sí mismos el sexo sin que ya esté más que teñido de prejuicios (ahora también los supuestos liberales). Por lo menos deberíamos intentar retrasar la llegada a sus ojos-oídos-pensamiento, de la morralla de una sociedad enferma.

Pese a vivir en un mundo de prisas, dividido en tiempo de trabajo/tiempo de ocio, que no permite la quietud, la lentitud, la espera, el tiempo “vacío”… la naturaleza sigue su forma de hacer y siempre antes de la “explosión hacia fuera” hay una etapa de recogimiento.

Leí una frase hace tiempo (que no he podido encontrar ahora para copiarla aquí)

que venía a decir que “Antes de que una rosa estalle en colores, pétalos y perfume, pasa bastante tiempo cerrada.

Y si pretendemos abrir ese capullo antes de tiempo para llegar antes a la rosa, no obtendremos buenos resultados. Si viviéramos en una sociedad más armónica, quizás no haría falta proteger de tanto estímulo negativo y sabríamos “no hacer”, wu wei…

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